Vueltas de tuerca

El cine empezó, tímidamente, con estilo documental. Tomó impulso, y alguien empezó a filmar una representación teatral. Los “entendidos” diagnosticaron: “La técnica venció. Las representaciones en vivo van a desaparecer”. Mientras tanto, el cine desarrolló todas sus fantásticas posibilidades, pasó con Orson Welles por la cumbre de “El Ciudadano”, y se fué a “La guerra de las galaxias”.
Y el teatro? Muy bien, gracias! Se filtra por todos los recovecos de la vida; y en salas formales, en sótanos o en altillos, en casas recicladas o en una plaza, alguien en algún momento está representando para alguien, aquí sí en vivo y en directo, los problemas humanos. Sin embargo…

Louis Malle, eminente director cinematográfico, viaja a Nueva York, entra a un teatro en la calle 42, y filma un supuesto “ensayo general” de “Tío Vanya” de Chejov. Casi sin escenografía, con un vestuario discretísimo. Actuación teatral pura. Y el resultado es una película maravillosa!
Pero, otra vez volvemos a decir: sin embargo…
Arthur Miller, dramaturgo, crea la obra a la que alguien calificó certeramente como la mayor expresión teatral del siglo XX: “La muerte de un viajante”. Y, deliberadamente, el autor le aplica un tratamiento cinematográfico. La acción se desarrolla en forma alternativa en el presente y en el pasado, en la dura realidad actual y en los sueños y pesadillas de los recuerdos del protagonista, en escenas simultáneas. A los espectadores les llega la respiración del agobiado Willi Loman, pero todo el conjunto es cine puro!