Falta palabra

A pesar de todas las dificultades que afectan a la mayoría de la población, en nuestro país la expectativa de vida crece. En consecuencia, aumenta el grupo humano integrado por… (¿Como se los llama?) Antiguamente, las cosas eran mas simples y más directas: los viejos. ¡Viejos son los trapos! bramaban los afectados, y tenían razón.
Hoy en día, circulan por el idioma variados apelativos, y todos chingan por algún lado.
-Anciano. Mi tan apreciado diccionario aquí me defraudó: “Dícese de la persona de mucha edad”. ¿Cuanto es “mucha”? ¿70? ¿90?
-Los científicos utilizan “geronte”(del que deriva el controvertido geriátrico), o una joyita de la sofisticación: “senescente”(!) Allá ellos.

En el lenguaje de la calle se utiliza “abuelo” o “jubilado”, que son solamente aproximaciones pintorescas. Hay abuelos auténticos de cuarenta y pico, al igual que algunos jubilados de privilegio.
-La burocracia, como no podía ser de otro modo, inventó la peor de todas: “tercera edad”. ¿Acaso alguien habla alguna vez de la “primera edad” o de la “segunda edad”? En el caso de una persona de 70, con un padre de 95 (¡que los hay!) ¿quien es el de la tercera edad? A la expresión le siento un trasfondo despectivo. Algo así como: “tercera categoría” o “tercera clase”. En definitiva, todo lo etiquetado “tercera” ¡es de cuarta!
-Ahora está de moda “adultos mayores”. No está mal. Va arrimando.
Y para terminar, ¿que les parece “veteranos”? En general, se suele aplicar a los sobrevivientes de las guerras, mutilados física o psíquicamente. ¿No sería mas adecuado que se distinga así a los que cotidianamente, sin pausa, lucharon y siguen luchando por la vida, es decir por la paz?