Acusación, confesión, sanción

¿Es útil hacer autocrítica?

Cuenta Ilya Ehrembrug, en su narración en tono de farsa “La agitada vida de Lásik Roitschwantz”, que, por una denuncia perversa, las autoridades procesan al protagonista con una acusación falsa y absurda. El acusado, en defensa de su dignidad, rechaza una y otra vez los estrafalarios cargos, mientras el fiscal despliega una delirante verborragia para darles sustento. Además, le reclama al acusado que “confiese” sus “delitos”.
El acusado, abrumado, y suponiendo que de esa forma lograría superar el problema, termina por admitir una pequeña infracción que realmente cometió, al margen de la acusación.
Finalmente, el tribunal, de todos modos, le aplica una condena por la acusación falsa, y además, una segunda condena, adicional a la otra, por la infracción que se vio obligado a confesar.

Finalmente, el tribunal, de todos modos, le aplica una condena por la acusación falsa, y además, una segunda condena, adicional a la otra, por la infracción que se vio obligado a confesar.
Finalmente, el tribunal, de todos modos, le aplica una condena por la acusación falsa, y además, una segunda condena, adicional a la otra, por la infracción que se vio obligado a confesar.

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